Janus Darke es un comerciante independiente venido a menos. La vida le sonríe nada más que a rachas, y vive como puede sobrellevando sus numerosas deudas. Sin embargo, todo está a punto de cambiar. Un día recibe una misteriosa visita y una generosa oferta para embarcarse en un viaje lleno de oportunidades. Pero la travesía no está exenta de riesgos, pues nadie se adentra en el mismísimo Ojo del Terror sin esperar los más terribles peligros...
- Janus Darke: Comerciante independiente.
- Simon Belisarius: Navegante.
- Auric Nube de Tormenta: Vidente de Ulthwé.
- Athenys: Guerrera de Ulthwé.
- Shaha Gaathon: Príncipe Demonio.
- Kham Bell: Mercenario.
- Zhargan Puño de Hierro: Capitán de los Hijos del Emperador.
Dentro de la colección de los Heretic Tomes (novelas antiguas que han sido revisadas para adaptarse al trasfondo actual), “Farseer” ocupa un lugar, cuando menos, peculiar. Empieza como un relato de aventuras sin más pretensiones que la de entretener, pero en sus páginas acabamos encontrando relatos diversos sobre la cultura Eldar. Valiéndose del habitual recurso de emplear a un humano como intermediario para que el lector asimile las diferencias que existen con los xenos, el veterano William King construye una historia que, sin terminar de enganchar por su ritmo o su trama, sí es suficientemente correcta como para cumplir el cometido que se proponía.
Se nota bastante el paso del tiempo. En las novelas de hace no tantos años podría parecernos más razonable encontrarnos con dos Eldar que contratan a un humano y un navegante para que les conduzcan hasta el Ojo del Terror, pero hay que admitir que ese tipo de historias son cada vez menos habituales. El relato en sí mismo no es sino un vehículo para que el autor se explaye un poco narrando mitos e historias de los Eldar; cosas que tal vez hubieran tenido mejor cabida en un libro de trasfondo o incluso en un Codex del juego, pero que en una novela ralentizan enormemente el ritmo narrativo.
Las aportaciones que hace, como el escalofriante término “Sha’eil” que los Eldar usan para referirse a la Disformidad (“hogar de demonios” o, literalmente, “infierno”), o las referencias más o menos veladas que se introducen en relación con la Caída, son elementos que revalorizan el libro, pero que a la vez hacen de su lectura un largo camino que parece no acabar nunca, de modo que el espectador termina con la sensación de que no está pasando nada de nada en la novela.
Eso convierte a la larga a “Farseer” en un relato bastante flojo narrativamente hablando. Se limita a la presentación de los pocos personajes, a un viaje a través de la Disformidad y a un enfrentamiento en los últimos capítulos para que exista algo de acción que justifique las doscientas páginas previas, conduciéndonos hasta un amargo final que nos dejará insatisfechos. Sin embargo, todo ello carece de profundidad suficiente como para que podamos decir que nos encontramos ante una novela destacable.
Destacan los momentos de descripción trasfondística: las ya citadas referencias a los Eldar o la navegación por la Disformidad vista a través de los ojos de Simon Belisarius. Al final nos quedaremos con las anécdotas, como que el navegante pertenece a la casa Belisarius, la misma que interviene en “Cuchillo de Lobo”, del mismo autor. O el antiquísimo pacto secreto entre esta casa y los Eldar de Ulthwé. Pero se trata de perlas que, por el mero hecho de encontrarse engarzadas por un hilo, no convierten este collar en una verdadera novela.
- Los retazos de trasfondo, con ideas sugestivas y cuidadas.
- El ritmo del libro es muy lento en su conjunto, y le falta profundidad a la trama y a los personajes.
- El final es decepcionante. Uno no espera realmente que la historia acabe bien, pero tampoco que acabe de la manera que lo hace.
Quizá William King se había quedado con ganas de escribir relatos para incluir en un Codex. Quizá más probablemente tenía en la cabeza una retahíla de buenas ideas que no sabía dónde encajar exactamente. Con ellas construye “Farseer”, pero se queda lejos de sus otros trabajos con los Lobos Espaciales, por ejemplo. No se trata de una novela que vaya a perdurar como tal en el recuerdo de los aficionados, pero las ideas que aporta sí son suficientemente meritorias como para que sobre ellas se hayan edificado posteriormente otros conceptos más elaborados del trasfondo.
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