Ravenor y su equipo se encuentran en peligro. Tras investigar y conocer el escalofriante origen de los flejos y desbaratar su tráfico a la más alta escala en Eustis Majoris, deben volver a ese planeta a continuar su misión. Pero con las más altas autoridades involucradas, ningún refugio es seguro para el Inquisidor y su séquito. Ravenor se ve obligado a invocar el estado de condición especial y trabajar en la sombra, sin apoyo de nadie, pues no hay nadie en quien confiar...
- Gideon Ravenor: Inquisidor.
- Carl Thonius: Interrogador.
- Kara Swole: Agente inquisitorial.
- Harlon Nayl: Agente inquisitorial.
- Zeph Mathuin: Agente inquisitorial.
- Patience Kys: Telekinética.
- Wystan Frauka: Intocable.
- Zael Efferneti: Habitante de Eustis Majoris.
- Maud Plyton: Agente del Magistratum.
- Zygmunt Molotch: Hereje.
- Sholto Unwerth: Capitán del Aretusa.
- Patrick Belknap: Médico.
- Lucius Worna: Cazarrecompensas.
- Toros Revoke: Psíquico de los Secretistas.
- Orfeo Culzean: Traficante.
Gideon Ravenor ya se nos ha asentado como un personaje principal por derecho propio. Aun así, en su serie de novelas sigue siendo el que ocupa la segunda fila. No es un personaje “de acción” o “físico” como los que estamos acostumbrados a ver en los relatos de este tipo. Es, por muchas razones, el Profesor Xavier del Warhammer 40.000. Dirige a un equipo donde cada uno de sus miembros es extraordinario por sus propias capacidades, y todos en su conjunto conforman algo mucho más poderoso que la mera adición de sus miembros. Quizá la serie de Ravenor sea la historia que Abnett jamás llegó a escribir para el mundo del comic, donde también ha hecho mucho más que sus pinitos, pero todos los aficionados debemos estar agradecidos por que las cosas hayan evolucionado de esta manera.
El autor sigue explotando la riqueza de este universo inacabable y recorriendo los entresijos de la siempre misteriosa Inquisición. El recopilatorio de la trilogía incluye un relato breve que precede inmediatamente a esta novela y que resulta francamente revelador del curso que va a tomar la historia en lo sucesivo. El encuentro entre Eisenhorn y Ravenor da un giro radical al enfoque que Abnett había venido imprimiendo en el primer volumen de la serie. Abandonamos la trama de los flejos para entrar en algo mucho más siniestro: una arcana profecía que amenaza en convertirse en realidad y en traer al mundo físico a un demonio de la disformidad, un ser cuyo nombre apenas susurrado es el de Slyte.
Con ese planteamiento, la historia se desenvuelve por sí sola en toda su enorme complejidad. Personajes secundarios de la primera parte ahora ganan peso, revelando el plan que el autor tenía en mente desde el principio. Todo empieza a cuadrar poco a poco, a medida que vamos ubicando las piezas del rompecabezas en su sitio adecuado. Maud Plyton descubre un extraño mural en la Capilla Mayor de la sacristía. Y de repente, una investigación que debiera haber sido simple, empieza a complicarse…
Si bien el peso narrativo recae nuevamente en el séquito inquisitorial, esta vez los villanos cobran bastante peso. Orfeo Culzean, ese siniestro hombre para todo, pone los pelos de punta. Y naturalmente, no podemos obviar a Molotch. Zygmund Molotch, aquel villano del que ya no nos acordamos y que servía de antagonista en la entradilla de presentación de la primera novela, aquí se revela como el verdadero cerebro tras toda la operación. Su intento de sustituir los cogitadores del Administratum por tecnología hereje expuesta a la Disformidad, sacada del mismo lugar que los flejos, encierra un propósito mucho más oscuro del que concebíamos originalmente.
A medida que entendemos lo aislados que están Ravenor y su gente, a medida que el cerco se estrecha en torno a ellos, a medida que todo empieza a tener sentido, el lector se ve más y más absorbido por una historia que va ganando intensidad con cada página. Los miedos más que justificados de Ravenor de que Zael se convierta en el receptáculo físico de Slyte se nos transmiten, como igual nos escamarán los misteriosos cambios que empezaremos a percibir en Carl Thonius. El ritmo empieza a subir, comenzamos a ver la escena en su conjunto, tal y como Abnett quería que ocurriera. Descubrimos el terrible Enuncia, toda una novedad creativa en un universo que creíamos encorsetado y que es en novelas como ésta donde descubrimos que nada se aleja más de la realidad, y que cuando un escritor pone entrega y talento, es capaz de depararnos auténticas maravillas.
El final es sencillamente cinematográfico. Es una de esas pocas veces donde Abnett no cae en su peor defecto, que es redactar finales precipitados. Él mismo reconoció que en principio pensaba acabar la serie en este libro, pero a medida que lo iba desarrollando, se dio cuenta de que sería incapaz de abarcarlo todo en ese espacio, y que la serie se tenía que convertir en trilogía. De esta manera, el final se convierte en algo trepidante, de unas dimensiones pocas veces vistas en las novelas de Warhammer. Y aun así, sabemos que esto todavía no ha terminado, y que queda un libro entero para llegar a la conclusión...
- El ritmo in crescendo de la novela, que no decae en ningún momento, combinando intriga y acción.
- Que Abnett es capaz de renovar este universo y salirse de las convenciones, siendo capaz de crear conceptos nuevos, como el Enuncia, y de engarzarlos perfectamente en el trasfondo.
- Tal vez, si hubiera que reprocharle algo, es el giro argumental tan radical que da entre la primera entrega y ésta; aunque mantienen coherencia narrativa, se nota mucho la diferencia. Aun así, y afortunadamente, es para mejor.
Más de cinco años distan entre la publicación en España de la primera entrega de esta serie y su segunda parte. En estos cinco años, “El Regreso de Ravenor” ha sido una de las demandas más notorias por parte de los aficionados. Y la espera, aunque larga, habrá merecido la pena, pues es un libro que no defrauda. Forma el cuerpo de la trilogía y no sólo no decae, algo habitual en este tipo de formatos, sino que mejora a su antecesora y nos prepara para su tercera y definitiva parte. Deja de ser una novela un tanto genérica de ciencia-ficción, como le pasaba a “Ravenor”, y se convierte en una historia pura de Warhammer 40.000, dejándonos una vez más con la miel en los labios y deseando acabarla lo antes posible. En definitiva, entre las mejores lecturas que nos podemos encontrar actualmente.
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