El joven Interrogador Gideon Ravenor hace ya mucho que se convirtió en un Inquisidor de pleno derecho. Internado como se encuentra en su silla, con su cuerpo terriblemente mutilado, alberga sin embargo una de las mentes más preclaras y agudas de todas las Ordos. Recibió el legado del mítico Inquisidor Eisenhorn y ahora es a él a quien corresponde continuar su labor y proteger a la Humanidad de los peligros que la acechan, por insospechados que éstos puedan parecer...
- Gideon Ravenor: Inquisidor.
- Carl Thonius: Interrogador.
- Kara Swole: Agente inquisitorial.
- Harlon Nayl: Agente inquisitorial.
- Zeph Mathuin: Agente inquisitorial.
- Patience Kys: Telekinética.
- Wystan Frauka: Intocable.
- Zael Efferneti: Habitante de Eustis Majoris.
- Maud Plyton: Agente del Magistratum.
- Zygmunt Molotch: Fugitivo.
- Kinsky: Psíquico.
Gideon Ravenor era un personaje secundario de la Trilogía de Eisenhorn. Tras el desastre de la Puerta Espatiana en Tracian Primaris, Dan Abnett hace expresar al Inquisidor su enorme dolor y pena por las quemaduras y mutilaciones de su discípulo y añade una pequeña coda: que no se podía imaginar las aportaciones que aquel joven acabaría haciendo a la ciencia. Y ya está. Ahí lo deja. El personaje parece desaparecer. Es cierto que en la tercera novela de la trilogía, “Hereticus”, Ravenor vuelve a aparecer fugazmente, en un prototipo de silla, hablando con su viejo maestro. Pero todo parecía indicar que era un guiño del autor a sus lectores, como parecía también que era el hecho de que el libro favorito de Gaunt fuera “Las Esferas del Anhelo”, precisamente de Ravenor. Se trata del tipo de detalles que prodiga Abnett para dar solidez y relieve a sus personajes. Pero todo señalaba en esa dirección, en que no iba a pasar de lo meramente anecdótico. Y ahí fue donde nos equivocamos.
Dan Abnett nos sorprende con un spin-off que no sólo está a la altura, sino que en ocasiones puede llegar a superar a su predecesora. El lector al principio acoge el libro con algo de reticencia. Después de una serie tan trepidante y bien llevada como la de Eisenhorn, a uno le cabe esperar que otro libro sobre Inquisidores sea más de lo mismo y que tenga poca novedad que aportar. Ahí es donde nos volvemos a equivocar.
La narración es absorbente, conduce al lector a su antojo, yendo siempre un paso por delante de nuestra imaginación. La intercalación de relatos en primera persona, por ejemplo, es un recurso original y que nos mete de lleno en el personaje y sus habilidades. La combinación de los personajes vuelve a sorprender por la naturalidad de sus relaciones y por la profundidad de los mismos. El conocimiento, rayando la omnisciencia, de Ravenor, sus poderes, el hecho de que su equipo le llame “la silla” a sus espaldas, los duelos psíquicos o incluso el reencontrarnos con viejos personajes como los carismáticos Harlon Nayl o Kara Swole, ahora incorporados al séquito del Inquisidor, son detalles que envuelven al espectador y le trasladan de verdad a ese universo oscuro y depredador, lleno de peligros insospechados.
La novela, sin embargo, es muy distinta de casi cualquier otra de las que nos tiene acostumbrados Black Library. Es quizá la más genérica de ciencia ficción y menos específica de Warhammer que llega a nuestras estanterías. A estas alturas resulta innecesario recordar que nos encontramos ante un autor conocido por crear mundos enteros e insertar en ellos a unos personajes muy elaborados, pero en esta ocasión la trama es capaz e innovar como en pocas ocasiones. Aunque al principio descoloca ver al equipo de protagonistas ejerciendo de policías en lucha contra el tráfico de drogas, pronto descubrimos que los “flejos” ocultan mucho más de lo que muestran, que existen sitios tenebrosos como Carnívora (Ca-ca-ca-carnívora) y que los equilibrios de poder son delicados y tan turbios como quienes lo ostentan.
El final no es tal, naturalmente. Y en esta ocasión es así de forma manifiesta y deliberada. Si la trilogía de Eisenhorn se componía de volúmenes que narraban cada uno una aventura en sí misma, entrelazando todo el conjunto, esta vez se trata de una historia, una gran historia, contada en tres actos. Eso se evidencia al llegar a las últimas páginas de “Ravenor”, cuando nos damos cuenta de que el escenario está planteado y que queda mucho, mucho más por contar.
En alguna ocasión nos puede parecer que se nos brindan detalles superfluos o que intervienen personajes irrelevantes, que poco van a aportar al relato. Pero, a estas alturas, y conociendo los antecedentes, ése es un error que ya no vamos a cometer...
- Ya desde el primer libro de la serie, vemos que el tono que marca es elevado y trepidante, capaz de superar incluso a la trilogía de Eisenhorn.
- Como siempre, la imaginación que le echa Abnett a todo lo que hace. Se nota cuándo quiere mimar un libro.
- Los antagonistas de los personajes se tratan un poco de pasada, pero ello se debe a que lo que importa es la trama, la gran trama que subyace y que apenas intuimos.
- El final es terriblemente insatisfactorio, porque parece que la novela acaba en un capítulo más. ¡Es necesario ponerse a leer la continuación inmediatamente!
Se trata esta novela de un acierto inesperado, lo que la hace doblemente jugosa. Cuando creemos que Dan Abnett había exprimido totalmente el género de los Inquisidores de Warhammer 40.000, descubrimos que no sólo no es así, sino que es capaz de sorprendernos y maravillarnos con una composición de las que deja huella. Ojo a este libro, y ojo a sus continuaciones.
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2011-11-28
mayorrawne dijo: Una novela genial, desde el primer capítulo con ese frenético enfrentamiento con Molotch, supe que me iba a encantar. Ojalá Abnett siga escribiendo novelas estilo thriller en el 41 milenio.

2011-11-29
Suber dijo: Pues espera a leer la segunda parte...

2011-11-29
mayorrawne dijo: Por suerte ya lo he hecho, ahora a esperar la tercera.