La Gran Cruzada continúa su ritmo imparable. Las Legiones del Emperador, bajo el mando del Señor de la Guerra, llevan a la Humanidad más allá de las estrellas para expandir sus dominios. Pero el mayor peligro no lo supone ninguna raza de mortíferos xenos o ningún planeta desconocido que todavía no han pisado. La luna de Davin, conquistada hace más de seis décadas, se ha rebelado contra el naciente Imperio. Los Astartes han de hacer frente por primera vez a un concepto que les es desconocido: la traición. Horus se dirige allí en persona para limpiar su honor, pero lo que habrá de encontrar es algo muy distinto de lo que esperaba. El Señor de la Guerra tendrá que hacer frente a lo que nunca imaginó: a sí mismo. Y del resultado de esa lucha interior dependerá el futuro y la manera en que se desenvolverán todas las cosas que han de venir…
Falsos Dioses es el segundo volumen de la colección de la Herejía de Horus, un relato de tiempos míticos que ayudan a entender el universo de Warhammer 40.000 tal y como lo conocemos hoy día.
Primarcas
- Horus: Primarca de los Hijos de Horus y Señor de la Guerra.
- Angron: Primarca de los Devoradores de Mundos
- Fulgrim: Primarca de los Hijos del Emperador
- Magnus: Primarca de los Mil Hijos
Lobos Lunares
- Maloghurst “el Retorcido”: Palafrenero del Señor de la Guerra
- Ezekyle Abaddon: Capitán de la Primera Compañía
- Tarik Torgaddon: Capitán de la Segunda Compañía
- Iacton "El Que Oye a Medias" Qruze: Capitán de la Tercera Compañía
- "Pequeño Horus" Aximand: Capitán de la Quinta Compañía
- Garviel Loken: Capitán de la Décima Compañía
Portadores de la Palabra
- Erebus: Primer Capellán
Devoradores de Mundos
- Khârn: Capitán de la Decimoctava Compañía
Hijos del Emperador
- Lucius: Capitá de la Decimotercera Compañía
- Fabius, Apotecario
Rememoradores
- Kyril Sindermann: Iterador
- Ignace Karkasy: Poeta
- Euphrati Keeler: Imaginista
- Mersadie Oliton: Documentalista
- Petronella Vivar: Documentalista
Tras el preludio que su puso Horus, Señor de la Guerra para la saga, Falsos Dioses continúa la trama y nos mostrará el verdadero germen de la Herejía. Continuar una historia en el punto donde la ha dejado Dan Abnett es una labor titánica, pero Graham McNeill salva la papeleta con dignidad. Es una novela completamente distinta de su predecesora, bastante más introspectiva. Es una novela de personajes, no de situaciones. Sigue el arco argumental de lo que podríamos denominar la “Trilogía de Loken”, pues es él el motor principal de esta historia. Seguiremos viendo a través de sus ojos la deriva de los Lobos Lunares, ahora ya rebautizados como Hijos de Horus, y nos plantearemos con él sus mismas dudas. El Capitán de la Décima Compañía va observando cambios en sus camaradas, sutiles al principio, pero poco a poco cada vez más alarmantes. Pero lo que le (nos) preocupa de verdad es ver las decisiones que el mismísimo Horus va a ir tomando. Sigue siendo un personaje noble, de leyenda, es el Señor de la Guerra del Imperio, y todos le seguirán hasta los confines del universo. Eso queda muy bien reflejado a lo largo del relato, y es precisamente el desencadenante de lo que va a ocurrir, cómo todos sus comandantes, llevados al límite y ante la perspectiva de perder a su Señor, serán capaces de hacer cualquier cosa con tal de salvar su vida.
La primera parte del libro se nos presenta como una introducción a la situación. La luna de un planeta llamado Davin, ya largo tiempo pacificado por los entonces Lobos Lunares, se ha rebelado. Horus se toma esto como una afrenta personal. ¿El único planeta que se ha rebelado en toda la Gran Cruzada es uno conquistado precisamente por él, el Señor de la Guerra? Inaceptable. Aquí empezaremos a ver que la verdadera cara de lo que va a ser la Herejía no es, como cabía esperar, el propio Horus, sino que éste es sutilmente manipulado por otro actor que entra de lleno en escena: Erebus, el Primer Capellán de los Portadores de la Palabra. Podríamos argumentar si es él en persona la mano que mueve los hilos o si a su vez es manipulado por otros, pero lo que resulta incontestable es que Erebus es quien remueve el honor y la conciencia de Horus.
Durante el combate que se libra en la luna de Davin (el único de la novela hasta las últimas páginas), los Hijos de Horus han de hacer frente a un poder para ellos desconocido hasta el momento, y el Señor de la Guerra recibe una herida que no cicatriza por más tiempo que pase y más cuidados que se le apliquen. Su salvación ya no está en manos de los Apotecarios de la Legión, quienes no saben qué más hacer, viendo impotentes cómo la vida de su bienamado comandante se les escapa. Entonces una vez más interviene el siniestro Erebus, quien es capaz de convencer a los Capitanes de los Hijos de Horus para que lleven a su Señor al misterioso Santuario del Cónclave de la Serpiente de Davin, donde los nativos podrán tener una oportunidad de salvarle la vida empleando unas artes que, si bien parecen a primera vista oscuras y prohibidas, suponen la única esperanza a la que se pueden aferrar en ese momento.
La parte más introspectiva del libro llega cuando Horus vaga en un estado de inconsciencia entre la realidad y la disformidad, y Erebus le guía y le enseña únicamente lo que quiere que Horus vea. Es ahí cuando el hijo predilecto del Emperador habrá de tomar una decisión. Un poder como no había conocido nunca le tienta. Le llama. Le dice que le necesita y que, a cambio de sus servicios, pondrá la galaxia a sus pies. Desde ese momento, la suerte está echada. El Horus que saldrá de Davin es muy distinto de aquél que entró moribundo en aquel templo.
Esta especie de “viaje astral”, a falta de otro término más adecuado, ha generado ríos de tinta digital en la red, pues desvela mucho, pero calla otro tanto, dejando entrever muchas cosas que siguen en la penumbra. Veremos, como detalle curioso y necesario, la intervención de Magnus, que se desarrollará posteriormente en su propio libro, Los Mil Hijos. Esto ayudará también a entender mejor las motivaciones de todos los personajes de la Herejía. Mientras Horus se encuentra postrado en el templo, su Legión se divide. Todos muestran una férrea adhesión al Señor de la Guerra, pero las diferencias en lo que se debe hacer empiezan a aflorar entre Loken y los demás. Sin embargo, el renacer de Horus despeja las dudas. El líder legendario y mítico ha vuelto a caminar entre sus hijos, y todos ellos le seguirán sin vacilarlo, desconocedores del precio que habrán de pagar por haber recuperado al Señor de la Guerra. El tramo final de la novela, que intenta recuperar un poco el tono épico, marcará el comienzo de una nueva etapa; supondrá el comienzo del fin de la Gran Cruzada y preparará el camino para lo que ha de venir: La Herejía.
- El tratamiento mítico que se dispensa a Horus. Se le reviste con un manto de heroicidad cuasi-divina que refleja a la perfección lo que supone un Primarca, algo que posteriores novelas han ido perdiendo.
- Descubrir las motivaciones que llevaron a Horus al alzamiento, conocer en qué consistió la tentación y por qué la aceptó. Se aleja del estereotipo de villano que se mueve por la mera ambición, y permite entender por qué tantos y tantos le siguieron en la guerra civil que iba a desencadenar.
- El ritmo es un tanto discontinuo, sin terminar de encontrar un equilibrio entre la acción y la narración de pensamientos, sentimientos y emociones.
- Los personajes secundarios quedan un tanto desdibujados, y en ocasiones su papel resulta un tanto redundante.
Un libro quizá más lento que el tono general de la serie, pero necesario en suma para conocer el porqué de las cosas. Es cierto que cuando uno abre una novela de Marines Espaciales espera encontrar acción a raudales, gestas heroicas y hazañas al límite. Falsos Dioses no es ese libro, cierto, pero es que no puede serlo. No debe serlo. Falsos Dioses penetra en la personalidad de Horus, le psicoanaliza y nos hace descubrir la tragedia que gira en torno a su destino. Un libro de revelaciones, en definitiva, necesario para entender completamente el devenir de la guerra civil que azotará la galaxia y que la cambiará para siempre.
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2012-01-23
Morglum dijo: 110% De a cuerdo a la crítica.
Una historia triste que sabemos como acabará, una jugarreta magistral, valores perdidos... Un hombre que no aceptó morir por su creador.
Y una frase "El hombre llegará a triunfar cuando la ultima piedra del ultimo templo caiga sobre la cabeza del último sacerdote"...