Autor Tema: Historia Amos de la Noche  (Leído 694 veces)

Desconectado Rosebud_Corintio

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Historia Amos de la Noche
« en: 12 de Septiembre de 2014, 19:50:42 »
 ;D no me j.odas Duma, que del pueblo donde soy el día grande de fiestas es "La noche de los higos".

OFF TOPIC ON

***Pués sinceramente te recomiendo la trilogía de Bowden de los NL, temporalmente es Pre-XIII Cruzada Negra de Abbadon y es bastante entretenida, los NL no se limitan a ser malos de opereta sino que tienen mucha chica y sorprendentemente resultan terriblemente humanos.

El protagonista es un antiguo apotecario que ahora es lider de una escuadra en lo que queda de una maltrecha compañía de los NL, tanto por sus compañeros como en otras partidas de guerra de los NL es apodado como "El Profeta" porque más que ningún otro NL ha heredado el potente dón de Kurze de ver el futuro; no obstante tiene otro apodo que es el que le dió el propio Kurze tras ver su futuro, lo llama "El Cazador de Almas", el único de sus hijos que contravendrá la orden de dejar escapar a la asesina Callidus tras su asesinato y que la perseguirá fieramente para matarla. No te destripo nada, sinceramente, a mi me resultaron unas novelas que merecen la pena aunque como han dicho por ahí, siendo de Bowden no es nada raro.***
OFF TOPIC OFF

Revisando la historia de los NL me he dado cuenta que desde un principio tenían todas las papeletas para ser los psicopatas que eran. El Emperador no hilava sin hilo y, si los Lobos Espaciales fueron creados para ser los ejecutores, en "su infinita sabiduría " hizo muy a conciencia a los Amos de la Noche con la única función de castigar y obtener la más absoluta obediencia con el terror. Vamos con un poco de historia, quien era y de donde vino la VIII Legión antes de Konrad Curze:

Los primeros reclutas de la Legión procedian de las prisiones subterráneas interconectadas de la Antigua Terra. En vastas cavernas llenas de ruinas milenarias medio aplastadas vivían hombres y mujeres que habían transgredido las leyes de sus amos siendo condenados a no ver más la luz del día ni a respirar el aire libre. Vivían con miedo y en una ciega oscuridad, no había ley en aquellas tierras sin luz y la supervivencia dependía únicamente del filo de los cuchillos.

En medio de aquel derramamiento de sangre y el miedo nacieron niños, acunados en la oscuridad y criados entre la muerte. Aquellos que vivían más de diez años eran criaturas pálidas y calladas que se movían sin hacer ruido y eran llamados por otros prisiones como “Los hijos de la noche”.

Fue con estos niños pálidos con los que el Emperador creó a los primeros guerreros de la VIII Legión. Duros, con una piel tan pálida que parecía ceniza o hueso en polvo, eran muy distintos de los demás Legionarios en talante y en apariencia. La semilla genética de la VIII Legión había encajado bien con el ADN de los primeros reclutas y parecía como si aquella hubiera sido creada con estos últimos en mente. Además de acentuar la palidez de su piel, la semilla genética dio a los hijos del inframundo la capacidad de ver a través de la oscuridad mejor que cualquiera de los miembros de otras Legiones.

El primer uso que el Emperador dio a su VIII Legión fue subyugar a aquellos que creían que los pecados del pasado podían seguir viviendo en el Imperio. Los crímenes contra el nuevo orden adoptaron muchas formas y cuando tales crímenes no requerían una simple represión sino una venganza, el Emperador enviaba a la VIII Legión.

La Legión parecía hecha a medida para estas acciones. Ya fuera como consecuencia de su herencia genética o por la combinación de sus orígenes con su adoctrinamiento, los guerreros de la Octava tendían al absolutismo moral y sentían la necesidad de aplicar castigos. No había sombras de gris en el universo moral de la Legión, ni grados de inocencia o culpabilidad. La verdad y la falsedad eran como el día y la noche, indivisibles e incondicionales. La oscuridad era el reino de la culpa, las mentiras y los monstruos y aquellos que vivían allí solo conocían el idioma de la sangre, el mensaje de que habría represalias rápidas y despiadadas por sus actos.


Esto nos deja que los Legionarios Terranos (Zso Sahaal era uno de ellos) tampoco eran reclutas ordinarios y benditos como pdoriamos decir que era el caso de Garro, por mucho que se diga que se introdujo a los peores criminales en la VIII cuando Curze abandonó Nostramo estos ya estaban entre sus filas desde el momento en que el Emperador empezó a reunir a los legionarios. Hay un incidente, una batalla famosa de los NL a inicios de la gran cruzada que refuerza esto y el uso al que había destinado el Emperador a los NL:

El Imperio de principios de la Gran Cruzada era un reino recién nacido, aún lloroso y convulso en medio de la sangre y los fluidos de su parto. Las alianzas y juramentos aún estaban frescos e incluso cuando el Imperio empezó a extenderse más allá del Sistema Solar, los dominios dejados atrás solían ser de estabilidad y lealtad cuestionables. El Imperio sofocó la mayoría de estas insurrecciones rápidamente y sin fanfarrias pero, unas pocas sin embargo, requerían una respuesta distinta. No una simple subyugación sino una venganza.

Vhnori era un enclave urbano terrano que antaño había formado parte del Imperio Panpacífico.
Construida en las paredes de una grieta que se hundía profundamente en la tierra, había sido uno de los últimos dominios de Narthan Dume en caer. Una extensión de estructuras cubría las llanuras en torno a la fosa en más de cien kilómetros a la redonda. Edificios blindados se aferraban al borde y las paredes de la grieta y se extendían a lo largo de kilómetros hacia el fondo. La luz tanto del sol como de la luna alcanzaba los niveles más profundos solo como un brillo débil y el hedor a humanidad la cubría como una nube fétida.

Los Caminantes Carmesíes eran una cábala de psíquicos, manipuladores genéticos y caudillos que habían servido a los últimos grandes tiranos de la Era de los Conflictos. Al unificar Terra el Emperador había derrocado a muchos reyes, reinas, demagogos y déspotas cuyos nombres y actos aún perviven en la memoria de muchos. Eran los monarcas de la Vieja Noche, monstruos que esclavizaron a miles de millones con mentiras, terror y conocimiento maldito... pero algunos rastros de la Vieja Noche permanecían en las sombras: los siervos fanáticos, los hijos clónicos y los caudillos fugitivos que poco a poco reunieron seguidores y recursos, extendiendo una red secreta por toda Terra.

En la ciudad-cañón, los Caminantes Carmesíes encontraron seguidores y aliados voluntarios y empezaron a construir una nueva fortaleza de la desesperanza. Viejas pesadillas regresaron a Terra por primera vez en muchos años: forjas de carne, cosechas de sangre y seres no-muertos. Lo peor, sin embargo, fue que cuando los Caminantes Carmesíes tomaron el poder, el pueblo de Vhnori se alzó para seguirlos como si fueran bestias leales regresando al lado de su amo en lugar de rechazar los horrores de los que habían sido liberados. Por un momento pareció que podrían arrastrar a parte de Terra de vuelta a las pesadillas del pasado.

Cuando el Emperador se enteró del ascenso de esta amenaza renacida, se dice que pronunció solo cuatro palabras: “Enviad a la Octava

La VIII Legión no respondió de inmediato. Sus fuerzas en el Sistema Solar en ese momento apenas superaban los quinientos guerreros: una fuerza grande pero no una capaz de avasallar un enclave poblado por decenas de millones de personas. Este hecho, no obstante, no importó a los guerreros de la Octava pues sabían por qué habían sido convocados a luchar y lo que tenían que hacer.

Todo empezó con fuego cayendo de los cielos. Turboláseres y proyectiles Inferno convirtieron la noche en día al ser disparados sobre las afueras de Vhnori. El bombardeo duró seis horas. Cuando acabó un anillo de un kilómetro de ancho de metal y rocas fundidos se había formado en torno a la ciudad y sus millones de habitantes miraron al cielo preguntándose qué traería el amanecer consigo. Sin embargo, el amanecer nunca llegó.

De horizonte a horizonte negras nubes bloqueaban la luz cuando empezó a llover una pesada tromba cargada de sustancias químicas desde las nubes artificiales. La gente empezó a sentirse mareada, a temblar donde se encontraba, constantemente consciente de cada sonido que los rodeaba, de cada movimiento en el margen de su visión. Llovió durante un día entero, aunque no hubo ningún atardecer que lo distinguiese de la noche que siguió. En la oscuridad la gente lloraba abiertamente mientras las sombras se retorcían con sonidos y formas apenas percibidas.

La VIII Legión emergió entonces de las profundidades. Mientras sus naves en órbita habían iluminado la noche con llamas, los Astartes se habían dejado caer desde el borde de la atmósfera, cayendo revestidos en armadura de medianoche hacia la fosa del corazón del enclave. Solo una vez que hubieron sobrepasado con creces la luz del incendio de la superficie encendieron sus propulsores de salto para detener su descenso. En la oscuridad de debajo de la ciudad habían aguardado a que cayese la auténtica noche, aferrándose a las paredes rocosas como criaturas cavernarias mientras transcurría el día sin sol. Entonces se alzaron desde el abismo sobre chorros de llamas.

Penetraron en los límites inferiores de la ciudad colgante, masacrando a cualquiera que se cruzaba en su camino y colocando cargas para enviar secciones de edificios girando hacia la oscuridad. Los gritos empezaron a resonar desde el cañón. Para la población de la superficie, los aullidos de terror y el combate reverberaban a través de sus mentes debilitadas por las drogas. Muchos simplemente se derrumbaron sacudiéndose de terror mientras que otros huyeron a encerrarse lejos del creciente clamor.

Los Caminantes Carmesíes respondieron desatando un ejército de monstruosidades: golems recosidos de docenas de seres humanos, filas de soldados con la mente quebrada, los ojos de cristal y vías de estimulantes clavadas en sus cerebros expuestos, y esclavos psíquicos que llenaban el aire con el tufo estático de la Disformidad. La fosa se iluminó con los disparos y de las llamas disformes pero aun así la VIII Legión siguió avanzando, dando vueltas entre los escombros con sus propulsores y descuartizando abominaciones con garras envueltas en relámpagos. Aullaban con las voces de los muertos mientras luchaban, profiriendo a través de los altavoces de sus cascos los sonidos grabados del sufrimiento, el dolor y la pérdida. Cuando la grieta brillaba ya como la boca de un infierno mítico las Cápsulas de Desembarco cayeron. Los refuerzos convergieron sobre la grieta abriéndose camino a través de los arrabales superficiales mientras mataban a todo el que encontraban. Los pocos que presenciaron aquella noche hablan de figuras con armadura acribillando a aquellos que huían ante ellos, de incendios que se alzaban desde bloques residenciales y del eterno y omnipresente coro en aumento de gritos.

Las fuerzas de los Caminantes Carmesíes eran terribles pero escasas. Los Caminantes afrontaron su fin divididos, cada uno intentando sobrevivir o escapar de la ciudad condenada por libre. Ninguno lo logró. Con sus escoltas de abominaciones despedazadas o reventadas por los disparos, cada uno de los renegados se encontró a los pies de las imponentes figuras de armadura azul medianoche, cuyas caras estaban ocultas por yelmos sin expresión y supieron que la justicia imperial había acudido a por ellos.

Aquellos que alcanzaron la destrozada frontera que ahora rodeaba la ciudad se vieron cazados por las Escuadras Buscadoras de la VIII Legión. Se dice que la VIII Legión permitió a muchos huir antes de cazarlos durante las largas horas de la noche artificial, mutilándolos pero nunca matándolos, hasta que arrastraban a su presa de vuelta a la fosa como sacos ensangrentados de carne aplastada y huesos rotos.

Con Vhnori gritando y ardiendo, la Octava llevó a cabo su deber final. Vivos y curados lo suficiente para estar conscientes, los Caminantes Carmesíes fueron arrojados al abismo. Entonces detonaron cargas explosivas por todo el borde del acantilado, arrancando los edificios colgantes de la ciudad de las paredes rocosas. Se dice que los gritos de los diez millones de personas que se habían refugiado allí de los combates alcanzaron los cielos mientras acompañaban a los Caminantes Carmesíes a las negras profundidades de Terra. La Octava Legión abandonó la ciudad diezmada antes del nuevo amanecer.


Resumiendo, bombardearon las afueras para hacer un cerco natural del que nadie pudiera escapar, gasearon el lugar con drogas alucinógenas para que la población y los defensores fliparan en colores (esto de nuevo me recuerda a Batman Begins), surgieron desde el abismo donde se habían ocultado para masacrar sin piedad y que fliparan todavía más los drogados y cuando eliminaron a las pocas tropas que les podían oponer resistencia los fueron cazando uno a uno hasta exterminar a todo dios. Solo me queda decir:

Que viva el benigno Emperador de Terra!.  ;D
« última modificación: 13 de Septiembre de 2014, 11:33:30 por Rosebud_Corintio »
Somos los Amos de la Noche, la nobleza en la oscuridad. Eso es para lo que nacimos. No soy un soldado sometido a un señor: yo soy la justicia, yo soy el juicio, yo soy el castigo.

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Re:Historia Amos de la Noche
« Respuesta #1 en: 13 de Septiembre de 2014, 10:58:24 »
Jum, el origen de los reclutas esta bien pensado, enviaselo a FW a ver si te reconocen el merito
No puedes esconderte, huelo tu corrupcion
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Re:Historia Amos de la Noche
« Respuesta #2 en: 13 de Septiembre de 2014, 11:35:35 »
 ;D Bueno ojo Gon, realmente son textos de Forgeworld (The Horus Heresy II, Massacre), fallo mio por haber offtopicado con esto donde no debía y además no incluir la fuente de donde salían ambos textos.
Somos los Amos de la Noche, la nobleza en la oscuridad. Eso es para lo que nacimos. No soy un soldado sometido a un señor: yo soy la justicia, yo soy el juicio, yo soy el castigo.

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