Autor Tema: Escape de la Piramide  (Leído 753 veces)

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Escape de la Piramide
« en: 23 de Abril de 2008, 00:45:14 »
Y rebuscando por ahi acabo de encontrar un relato que llevaba años buscando, lo tengo a medio terminar :) Era una presentación de los necrones, espero que lo disfruteis tanto como lo disfruté yo escribiendolo. Sed buenos conmigo, lo escribí en el 2000



LA PROFECIA

El espacio, frontera entre mundos y lugar de reposo para héroes. Nuestra historia comienza con la solicitud de escolta y exploración lanzada por el Honore Imperatore un carguero clase Nebulosa con más de 100 millones de colonos dirigiéndose hacia un nuevo mundo clasificado como Zhirenis II.  Esta solicitud fue respondida por el crucero ligero Ad Gloriam de los Ultramarines. Para completar la misión de exploración se envió a la escuadra Proteus de la primera Compañía.

La habitación se encontraba a oscuras y tenía un aspecto lúgubre y siniestro. Cinco imponentes figuras se hallaban de pie en su interior. Poderosos focos iluminaban la sala confiriéndola un aspecto fantasmal. El foco de una de ellas iluminó brevemente la hombrera de una de las figuras, durante un corto momento se pudo vislumbrar la insignia de los Exterminadores de los Ultramarines.

?No lo entiendo.? ? Dijo el Hermano Thesalius - ?Si lo que quieren es que investiguemos estas ruinas para descubrir posibles amenazas, ¿por qué ha comenzado ya el desembarco de colonos??

?Eso es porque mantienen su fe en nosotros, en nuestra victoria.? ? Contestó el Hermano Sargento Proteus ? ?Somos Marines Espaciales del Emperador, Él nos guiará en la victoria. ¿Acaso dudas de su poder??

La respuesta se quedó sin responder, no hacía falta, todos los Marines adoraban al Emperador como a un dios y tenían fe ciega de su poder. Lentamente la escuadra de exterminadores siguió abriéndose paso hacia lo más profundo de la pirámide.

Unos días antes un carguero imperial lleno de colonos entró en el sistema solar de Zhirenis II y lanzó una petición de escolta y exploración a los Marines Espaciales que custodiaban el sector. El Crucero Ligero Ad Gloriam fue el encargado de satisfacer la petición de los colonos. Una escuadra de exterminadores fue enviada al planeta para investigar unas ruinas que se encontraban en el hemisferio norte mientras el desembarco tenía lugar.

Nada más aterrizar cerca de las ruinas, la escuadra Proteus comenzó a avanzar hacia lo que parecía la entrada a unas catacumbas. Las pesadas armaduras de exterminador se movían lentamente mientras que sus pilotos observaban atentamente los indicadores luminosos que aparecían en sus cascos. A una orden del hermano Proteus cinco poderosos focos se encendieron y una luz blanquecina volvió a arañar una vez más las antiguas paredes de la cripta que acababan de profanar. Las paredes estaban recubiertas por unos extraños jeroglíficos que mostraban a unos humanoides construyendo una especie de robot. Todas las ruinas no eran más que un largo pasillo serpenteante que conducía a un pequeño cuarto. En el centro de este cuarto descansaba un sarcófago negro con unos dibujos muy detallados. Narraban la historia de un héroe y de su muerte.

? En marcha, acabemos cuanto antes. Bardenomus, encabeza la marcha.? ? Ordenó el Sargento Proteus. ? ? Thesalius, mantén la posición en esta sala, parece que nos vamos a meter en un laberinto y no querría perderme.?

Los cuatro exterminadores se pusieron en marcha. Tras abandonar la gran sala del sarcófago entraron en una sala más pequeña pero repleta de sarcófagos más reducidos. Este planeta había sido una vez poblado por una extraña raza que tenía como costumbre enterrar a los familiares de sus héroes junto a ellos, construyendo para eso una gran pirámide. No se sabe qué fue de estos seres, ni lo que llegaron a hacer, simplemente desaparecieron sin dejar nada más que sus pirámides. Seguramente se encontraban en la que los científicos llamaban la ?sala de los familiares?. Más allá se encontrará la ?sala de guardia?, donde se enterraban a los soldados más fieles del héroe.

Los cuatro marines siguen avanzando por los estrechos pasillos donde difícilmente entran en fila de a uno. Sus poderosos focos van iluminando las paredes y el polvo acumulado durante eones es pisado por las botas de adamantio de los exterminadores. Todo está tan oscuro que incluso los focos no parecen iluminar nada. Las paredes se vuelven negras y unos jeroglíficos se repiten una y otra vez, es una invitación a abandonar las profanadas salas de la pirámide. Los marines no hacen caso, su misión es seguir hacia delante y nada les detendrá. Lentamente, las paredes van ensanchándose hasta que terminan abruptamente en una puerta cerrada. Los puños sierra son encendidos, y con un ruido que parece acabar con la vida misma las sierras golpean a la pesada puerta. Unos estridentes chirridos atacan el silencio mantenido durante eras en aquellas salas sagradas. Parece que las sierras no podrán con la puerta, pero lentamente, muy lentamente, la ancestral puerta va cediendo, y finalmente los marines pueden entrar en la ?sala de la guardia?.

Nada más entrar todos los marines se ponen alerta y amartillan sus armas. Están buscando enemigos. La razón es que toda la sala está llena de huesos humanos esparcidos por el suelo, machacados. No es posible que humanos hayan entrado aquí antes que los exterminadores, pero los esqueletos están ahí para demostrar lo contrario. Parece que el sufrimiento de una muerte dolorosa todavía recorre sus rostros, y que por fin la muerte les alcanzo para librarles de sus penas.

?Escáner limpio señor, estamos solos?. ? Grita repentinamente el hermano Zacarías. ? ? Lo que fuera que acabó con estos desdichados ya no se encuentra aquí.?

Eso no era posible, la sala de la guardia sólo tenía una entrada, y por ahí se encontraba la imponente puerta que habían tenido que reventar para poder pasar. Ningún mortal podría haberla abierto, esa puerta se construía para permanecer cerrada por toda la eternidad. Pero Zacarías tenía razón. El escáner no mostraba señal alguna de movimiento ni de vida orgánica que no fueran los cuatro marines. Estaban solos en la sala.

?Señor, uno de estos desdichados lleva algo colgando del cuello?  - Dice el Hermano Esaik ? ?Parece un Águila Imperial?.

?Esto no me gusta, salgamos de aquí. Bardenomus, recoge el águila para que lo analicen los tecnosacerdotes. Nos vamos, esta zona no es segura.? ? Ordena el Sargento Proteus.

Justo en el momento en el que Bardenomus recoge el águila del esqueleto una sacudida hace que los muros tiemblen y algunos fragmentos del techo caigan al suelo, golpeando en su camino a los desgraciados marines. Afortunadamente las pesadas armaduras de exterminador les protegen de los impactos de las rocas y, sin inmutarse siquiera por lo que sucede a su alrededor, los cuatro marines prosiguen su retorno hacia la sala principal.

Mientras tanto, el Hermano Thesalius ha estado observando la sala donde le han ordenado mantener la posición. Lo que más atrae su atención es el decorado sarcófago que gobierna la sala, sus grabados parecen moverse con vida propia si los miras fijamente, y la obsidiana con que está hecho el sarcófago parece tan profunda como el mismo cielo estrellado. Los jeroglíficos parecen intentar decir algo, intentan expresar algo, como si estuviesen anunciando el fin de la vida...  Repentinamente una sacudida saca a Thesalius de su visión, el suelo empieza a temblar y algunos trozos de roca se desprenden del techo. Thesalius intenta comunicarse con el resto de su escuadra, pero a tanta profundidad las comunicaciones son casi nulas. Un ruido seco a su espalda le hace girarse repentinamente. El sarcófago está abierto, y un brazo metálico se agarra al borde.

?Vamos, vamos, no quiero quedarme aquí toda la vida? ? Grita el hermano Proteus mientras que la escuadra de marines retrocede hasta la sala del sarcófago, la sala donde habían abandonado a su hermano.

Cuatro focos alumbran una sala. El polvo milenario aún permanece en suspensión en la densa atmósfera después de haber sido removido por las pesadas botas de los exterminadores. No hay nadie más en esa sala, nada se mueve. Un sarcófago vacío descansa en medio de la sala. El silencio es abrumador, pero hay poco que decir, el único pensamiento de los humanos es saber qué es lo que ha ocurrido en esa sala, qué es lo que ha hecho que Thesalius desapareciese, y qué es lo que había en el interior del sarcófago.

?No detecto nada en el escáner, Thesalius ya no está con nosotros? ? Dice el hermano Zacarías con una voz profunda que no parece esperar nada bueno y sí anunciar una desgracia. ?El Emperador reciba su alma en su seno?.

?No recibo ninguna señal del Ad Gloriam, tenemos que salir de aquí y avisar para que detengan el desembarco.?

?En marcha, hacia la superficie.? ? Ordena el Hermano Sargento Proteus.

Cuando los cuatro marines se ponen en marcha otra sacudida recorre toda la pirámide, esta vez dura más y es más potente. Grandes fragmentos de rocas caen del techo, y amenazan con enterrar vivos a los marines. Una columna se desprende y cae pesadamente sobre el Hermano Esaik. De nuevo su armadura le ha protegido de una muerte segura, tal como hizo en numerosas batallas en las que participó antes del día de hoy. El temblor ha cesado y la calma parece reinar de nuevo en la vieja sala. Gimiendo y chirriando la poderosa armadura de Esaik consigue deshacerse de la columna que lo tenía atrapado. Al levantarse su foco alumbra a una estatua que antes no habían visto. Es tan alta y robusta como los exterminadores, tiene como cabeza un cráneo plateado y parece portar lo que en su día fuese un poderoso arma. Pero esto no es una estatua, las estatuas no se mueven. Durante un breve momento los exterminadores se quedan paralizados por la sorpresa, tiempo suficiente para que el guerrero dispare su arcana arma contra el desprotegido cuerpo del hermano Esaik. Algo va mal, aunque la armadura le ha protegido del impacto esta empieza ha derretirse ante su vista. Parece como si la extraña arma del guerrero pudiera derretir el metal. Poniéndose en acción los marines abren fuego contra el extraño ser, los proyectiles danzan por la sala para terminar rebotando en la armadura del guerrero. Parece un ser inmortal, nada puede hacerle daño. El inmortal les mira con una extraña mueca que parece recordar la risa macabra de una calavera. Con un rápido movimiento el Hermano Zacarías invoca la muerte con la letanía de su Cañón de Asalto.
Se empieza a escuchar el sonido de la destrucción cuando los proyectiles del cañón comienzan a despedazar al guerrero. Tambaleándose cae descuartizado al suelo.

El inmortal ha sido vencido, pero el precio pagado ha sido alto. El hermano Esaik ha sufrido un profundo daño en su armadura, aquella que tantas veces le ha salvado de perecer. En el visor de su casco unas preocupantes luces rojas empiezan a iluminarse. Su foco empieza ha parpadear, la armadura está muriendo. Los cánticos de Esaik no reciben respuesta, el alma de la armadura le abandona, nada pueden hacer ya los rezos del marine, ninguna oración podrá hacer que su armadura sobreviva.

De las grietas de las paredes empiezan a surgir unos pequeños seres con forma de escarabajo. Los marines empiezan a dispararles, pero es difícil acertarles en la oscuridad de las catacumbas. En un momento todos los escarabajos que quedan se lanzan contra el hermano Zacarías, y antes de que este pueda reaccionar, sus cuerpos se destruyen en una tremenda explosión que destroza al exterminador portador del Cañón de Asalto.

Nada se puede hacer ya por el marine muerto, pero aún se debe avisar a los colonos del peligro que corren. Deben salir de la pirámide a toda costa.

El Hermano Bardenomus ayuda al Hermano Esaik a escapar. Para ello le espera junto con el Hermano Sargento Proteus. Pero Esaik no puede continuar, el alma de su armadura ha muerto y él se ha quedado inmóvil. Unas pequeñas criaturas atrapan al apagado cuerpo del Hermano Esaik y lo transportan hacia el interior de la Pirámide mientras él se debate por deshacerse de la armadura y poder así seguir luchando.

Por un momento todo se ha quedado en calma. Proteus y Bardenomus siguen subiendo hacia la superficie de la Pirámide. Bardenomus detecta en el escáner múltiples señales de enemigos procedentes del frente. Proteus y Bardenomus se preparan para el choque. Los bolter empiezan a escupir muerte mientras los enemigos siguen llegando. De entre los muertos muchos se levantan de nuevo para seguir luchando. Los indicadores de munición empiezan a parpadear. No quedan más balas. Bardenomus grita entonces - Por Macragge y el Emperador y se lanza a la carga contra los enemigos. El choque es tremendo, muchos caen bajo su poderoso puño de combate, pero lentamente se ve que la batalla está perdida para el noble marine.

Proteus logra escapar de la matanza, debe ser así, es el único que puede avisar del peligro antes de que los colonos aterricen en el planeta. A lo lejos vislumbra la salida, ya sólo faltan unos pocos metros. De repente el aire vibra y tiembla frente a él. Una figura comienza a materializarse. Un esqueleto metálico con un báculo le mira con unos ojos rojos profundos y penetrantes. La puerta comienza a cerrarse tras él. Ya no hay salida. En su casco las señales del escáner le indican que los enemigos comienzan a acercarse de nuevo. El líder necrón comienza a acercarse, consciente de que ya ha vencido.
ULTRAMARINES (actualizado Partida Amistosa contra Berek [8-12-2012])
1ª cia.: V: 6, E: 4, D: 0
2ª cia.: V: 1, E: 0, D: 0
6ª cia.: V: 17, E: 2, D: 6
7ª cia.: V: 16, E: 2, D: 1

TOTAL: V: 40, E:8, D:7

Desconectado Gonfrask

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Re: Escape de la Piramide
« Respuesta #1 en: 23 de Abril de 2008, 00:46:15 »
Jo Asgaard...me ha emocionado releer este relato tras un monton de años de no saber nada de el...me emosiono  :'(
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Re: Escape de la Piramide
« Respuesta #2 en: 23 de Abril de 2008, 11:33:51 »
muy gueno jejeje, no lo habia leido nunca :D gracias por recopilarlo
El sonido más funesto para un seguidor del caos es el aullido del lobo, sólo teneís que arrepentiros y se os concedera una muerte rapida

Desconectado LupusWeiss

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Re: Escape de la Piramide
« Respuesta #3 en: 24 de Abril de 2008, 11:55:15 »
No sabia que las armaduras de los exterminadores también tuvieran "almas", me ha parecido muy interesante. Esto me ha llevado a la memoria un relato que leí hace un montón en una WD sobre un Land Raider y su espíritu máquina.

Una pregunta, los ultramarines creen en el Emperador como un Dios? He leido muchas veces en este foro que los marines espaciales son de los pocos humanos que todavía no ven al Emperador como a un Dios.

En fin, muchas grácias por el relato Asgaard.
Saludos!
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Re: Escape de la Piramide
« Respuesta #4 en: 24 de Abril de 2008, 13:53:51 »
El "alma de la armadura" realmente se trata del generador de energia de la misma, si su reactor les falla estan encerrados en un monstranco de metal y ceramita. De hecho un truco muy habitual al luchar contra marines del Caos es cortar los cables del generador, pues los llevan al descubierto y si les dejas sin armadura...
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