Autor Tema: El Escudo de Vulkan  (Leído 827 veces)

Desconectado Suber

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El Escudo de Vulkan
« en: 02 de Noviembre de 2010, 23:55:54 »
El otro día hablaba en otro hilo acerca de este relato breve (muy breve, dos páginas) que Nick Kyme escribió como preludio para sus Salamandras (previo al relato Fuegos de Guerra, que sale en el recopilatorio Héroes de los Marines Espaciales, y el cual precede a su vez a su novela Salamandra).
El relato está colgado para descarga gratis en su blog, así que con la tranquilidad de saber que no infrinjo derechos de autor, pongo aquí la traducción:


EL ESCUDO DE VULKAN

Una explosión sorda resonó a través del casco de la Dragón de Fuego. La cañonera Thunderhawk se resistió contra la presión, haciendo que se iluminaran iconos de emergencia en el habitáculo de tropa. Metralla suelta rebotó sobre su blindaje en un repiqueteo de golpes amortiguados.
-Otra como ésa y tendremos que hacer el resto del camino a pie, en el mejor de los casos.
Ko?tan Kadai sonrió. Sus ardientes ojos brillaron divertidos en la penumbra, iluminando tenuemente su piel negra como el ónice con un rojo sangre.
-Su puntería es peor que la tuya, Fugis ?repuso Kadai?. No es nada.
El Apotecario Fugis frunció el ceño a su Capitán, con su fina cara tan tensa que casi parecía afilada.
-Es un riesgo innecesario.
Kadai dejó de escuchar. Recorrió con la mirada el compartimento de tropa y los arneses gravitatorios donde se encontraba el resto de sus Salamandras. Con su verde armadura y el rugiente dragón naranja que era el emblema de la Tercera Compañía en sus hombreras izquierdas, aquéllos eran Salamandras, los Nacidos del Fuego. Al igual que su Capitán, sus ojos brillaban rojos tras las lentes de sus cascos. El efecto era casi infernal.
A pesar de lo limitado del espacio a bordo de la Dragón de Fuego, se aprestaron a celebrar los rituales previos al combate. N?keln les dirigía. Ésa era su labor.
-Estamos hechos a imagen de Vulkan, nuestros cuerpos son sus instrumentos inmutables?
Kadai observó como el Sargento Veterano tomó un brasero de hierro forjado de una columna y cogió un puñado de brasas ardientes. Los otros le imitaron, Vek?shen y Shen?kar. Juntos, trituraron las brasas hasta convertirlas en polvo, y usaron el hollín caliente para ungir sus armaduras.
-¿Qué es eso? ?preguntó otro guerrero en el compartimento. No era un Salamandra. Portaba la negra ceramita de la Guardia del Cuervo. En su hombrera izquierda lucía el emblema de su Capítulo, un cuervo blanco con las alas abiertas. Mientras que los Salamandras eran de color negro ónice, la cabeza afeitada del Guardia del Cuervo era de un blanco puro, con unos ojos que parecían fragmentos de azabache. Juntos, eran un contraste en claroscuro.
Vek?shen había dibujado la efigie de la cabeza de un dragón sobre su antebrazo.
-Unguh?lar ?respondió?. La muerte del gran dragón en combate ritual cuya capa ahora porto ?el Campeón de la Compañía tocó el manto de escamas que pendía sobre su espalda y que se ajustaba cuidadosamente en torno al generador de su servoarmadura?. Luzco esta marca para honrarle y que me conceda fuerza en la batalla.
-Tenéis una cultura salvaje en Nocturne ?intervino otro, dirigiéndose a Kadai, quien se volvió para hablar con su interlocutor.
-El Credo Prometeano no es para todo el mundo, Adrak.
El Guardia del Cuervo se le quedó mirando fijamente a través de las lentes de su casco blanco. El abultado retrorreactor de su espalda le obligaba a inclinarse hacia delante en su arnés gravitatorio. Le daba una falsa impresión de formalidad que el Sargento Adrak Vraver no sentía. Él y otros tres de sus hermanos de batalla viajaban a bordo de la Dragón de Fuego, habiendo solicitado ayuda a Kadai para esta misión de extracción. Ambos habían recorrido un largo camino. Vraver era un veterano de docenas de campañas. Kadai había servido en algunas de ellas en sus más de dos siglos de servicio.
-¿Y supongo que vuestra tozudez se enciende en los mismos rescoldos?
Había una sonrisa en el tono del Guardia del Cuervo que Kadai no pudo ver.
Fuera, las explosiones se intensificaron. El interior se sacudía constantemente. El metal gruñía y protestaba. Se encontraban en mitad de una tormenta de artillería.
-No es demasiado tarde para dar la vuelta ?añadió Vraver?. Nuestros hermanos de batalla se están retirando, Ko?tan. Hemos perdido esta ciudad, pero la guerra está ganada. Aquí no queda nada para los Marines Espaciales. Deja que la Guardia se ocupe.
Kadai se rió, pero no lo dejó ver en sus ardientes ojos.
Quizá eso fuera verdad para la Guardia del Cuervo. Mediante una guerra de guerrillas tras las líneas enemigas, habían mutilado las comunicaciones, saboteado las líneas de transporte y ejecutado a varios oficiales rebeldes, incluyendo al propio gobernador planetario corrupto. Para Kadai, sin embargo, la misión todavía no había terminado.
-Hace meses, antes de empezar esta misión ?expuso el Salamandra?, un neófito llamó mi atención sobre algo en la Meseta Cindara, allá en Nocturne. ¿Sabes lo que me dijo?
Vraver le hizo un gesto con la garra relámpago a Kadai para que continuara.
-?Mi señor?, empezó, ?el Credo Prometeano nos dice que no hay nada por encima de la santidad de la vida humana, que somos el Escudo de Vulkan para proteger al inocente y defender al débil. Pero cuando me levanté en el solitorium tras siete meses de endurecimiento y soledad, me encontré con que me había convertido en un monstruo?? ?Kadai se tocó la piel, forzando un poco el párpado para mostrar el calor rojo de su interior? ??¿Cómo podemos entonces?, me preguntó, ?ser el escudo de Vulkan, si tenemos esta apariencia??
La Dragón de Fuego se sacudió violentamente debido a otro proyectil, pero Vraver y Kadai no se inmutaron. Desde la cabina, a través del vocomunicador interno, el Hermano He?ken informó de que se estaban acercando al objetivo.
++Noventa segundos?++
-¿Qué le respondiste? ?preguntó Vraver.
Kadai abrió las manos, como si la respuesta fuese obvia.
-?Porque debemos?.
-Tan simple como eso ?repuso el Guardia del Cuervo?. Siempre he admirado tu franqueza, Ko?tan. Los Salamandras sois muy pragmáticos, incluso aunque vuestra apariencia traicione vuestros ideales.
Los motores de la Dragón de Fuego estaban gritando. La cañonera se precipitaba con un pronunciado ángulo. Kadai podía sentir la inercia incluso a través de su servoarmadura. El disparo de un cañón pesado resonó a través del casco, amortiguado por el blindaje de la cañonera.
++Sesenta segundos?++
-Lo que somos es la razón por la que podemos ser el Escudo de Vulkan. El triunfo sobre la adversidad, el sacrificio y la capacidad de resistir vienen de esto ?hizo un gesto señalando sus diabólicas facciones?. Al ser menos humanos exteriormente, podemos ser más humanos interiormente ?Kadai se tocó la placa pectoral, en la que había tallada una llama simbólica de oro?. El núcleo ardiente de nuestra justicia y la creencia en nuestro deber y todo el Creo Prometeano provienen de nuestro interior.
++Diez segundos? Nueve? Ocho?++
Kadai se puso el casco. Al igual que su armadura, se encontraba delicadamente decorado. Representaba la cabeza de un dragón rugiendo, con sus escamas reproducidas también en la placa pectoral del Capitán.
La rampa de desembarco de la Dragón de Fuego se abrió despacio. El calor y el sonido les golpearon. Habiéndose quitado el arnés gravitatorio, Kadai fue el primero que se puso en la rampa. El Hermano He?ken volaba bajo. Treinta metros más abajo, el fuego asolaba Ciudad Echelon como un velo crepitante.
Las otrora regias avenidas ardían. En las plazas revoloteaban los restos chamuscados de los panfletos de propaganda antiimperial. Los cuerpos tanto de leales ciudadanos como de cultistas colapsaban las carreteras con sangre y escombros. Una estructura permanecía en pie. La rodeaban unas ruinas reventadas repletas de los insurgentes del Caos. Tres batallones, más de mil hombres, ocupaban sus posiciones. Sus dotaciones de armas pesadas se habían ensañado con los muros de mármol de la Schola. Las columnas estaban derribadas. Las estatuas de los más destacados alumnos se encontraban decapitadas y destrozadas. Pronto no quedaría nada. Los Marines Espaciales habían llegado justo a tiempo.
Un mensaje que le llegó al ornamentado casco informó a Kadai de que la Armada iba a iniciar un bombardeo sub-orbital en menos de seis punto tres minutos. Después sólo quedaría ceniza.
He?ken les llevó aún más cerca. Los bolters pesados de las alas de la Thunderhawk y de su fuselaje de proa barrieron una batería de cañones que giraba para dispararles. Sus simples armaduras de fragmentación marrones y las capuchas de su degradado culto no les sirvieron de nada. Los herejes desaparecieron en una tormenta de sangre y despojos.
Kadai liberó dos granadas de fragmentación del enganche magnético de su cinturón.
El tejado de la Schola se puso a la vista. Se encontraba dañado y cedería con muy poca fuerza que se ejerciera sobre él. Kadai tiró las granadas, con un temporizador de tres segundos. Vraver arrojó otras dos más.
La detonación fue rápida y estruendosa. En una nube de humo y llamas, el tejado de la Schola se colapsó sobre sí mismo. Varias caras jóvenes y la más anciana de un abad miraban a través de la nube de polvo a los ángeles que llegaban desde un cielo empapado de guerra. Había llegado su salvación.
-Dime, hermano ?gritó Vraver, preparándose para dejarse caer y encender los motores de su retrorreactor?, ¿cuál era el nombre de ese precoz neófito?
La mirada del Salamandra se cruzó brevemente con la del Guardia del Cuervo. Los ojos de Kadai brillaban, sin que se pudiera saber a ciencia cierta sus emociones.
-Dak?ir ?respondió, saltando de la rampa a la Schola bajo él? Hazon Dak?ir.

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Re: El Escudo de Vulkan
« Respuesta #1 en: 03 de Noviembre de 2010, 00:46:08 »
Pues el relato en si esta muy bien, capta a la perfeccion el famoso espiritu humanitario de los Salamandras y su capacidad de sacrificio por otras gentes. Lo que me parece otra vuelta de rosca es el hecho de (entiendo yo) que el aspecto "demoniaco" de los Salamandras vienen de la herencia genetica de Vulkan (el neofito se tumbo normal, se levanto hecho un monstruo) y no del efecto de Nocturne.

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Re: El Escudo de Vulkan
« Respuesta #2 en: 03 de Noviembre de 2010, 18:40:11 »
Sí, da a entender que los nocturneanos (o comoquiera que sea ese gentilicio) humanos son "normales" y que es la combinación de la genética astartes con la radiación de Nocturne la que tiñe la piel y enrojece los ojos.